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referendo en Brasil fue el primero de su tipo en el mundo. Sólo
el 36 por ciento apoyó la prohibición de la venta de armas. La
victoria del No, con el 64 por ciento, fue celebrada en Estados
Unidos por la Asociación Nacional del Rifle . |
Nadie pone en duda que las armas son un
problema en Brasil. Cada 15 minutos una persona es asesinada con una de
las 17 millones que hay en el país, y en total fueron 36.000 los muertos
el año pasado. En la última década han fallecido más personas por
armas de fuego que en cualquier otro país, incluidos los que están en
guerra. Pero al momento de votar el referendo para prohibir la venta de
estos arsenales, el domingo 23, los brasileños le dieron la espalda al
gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. Con el 64 por ciento de los votos
por el No, la iniciativa naufragó.
Para muchos, lo que estaba en juego era un voto de confianza a la
capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos. Por eso varios
analistas interpretaron la victoria del No como un rechazo a Lula,
golpeado por los escándalos de corrupción. Pero en realidad el asunto
tiene más implicaciones y trasciende el ámbito local.
Según un informe de Oxfam y Amnistía Internacional, cerca del 60 por
ciento de las armas de fuego en el mundo están en manos privadas (que no
incluyen a los grupos insurgentes). Es un negocio lucrativo. En total hay
más de 600 millones en el planeta y son producidas a gran escala en por
lo menos 90 países. Más personas mueren por cuenta de las armas pequeñas
y ligeras (que incluyen desde pistolas y revólveres, hasta rifles,
subametralladoras y morteros), que por el arsenal militar pesado de las
guerras convencionales.
La pelea entre los defensores del derecho a portar (y usar) armas y los
que abogan por severos controles al tráfico y el comercio se libra desde
hace años y tiene grandes intereses en juego. En una orilla están
algunos gobiernos, Naciones Unidas y varias organizaciones que defienden
las restricciones tanto al armamento como a la munición. En la otra, los
fabricantes (por lo general de países industrializados como Suecia,
Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Japón) e influyentes grupos como la
Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés), un grupo de
extrema derecha dedicado al lobby a favor de las armas en Estados Unidos.
Precisamente la mayor potencia mundial, donde el derecho a las armas está
consagrado en la segunda enmienda de la Constitución, es el principal
opositor de las políticas de desarme. "Ellos tienen una postura rígida
de tiempo atrás que se ha intensificado con este gobierno", explicó
a SEMANA Amparo Mantilla, la directora de Gamma Idear, la rama colombiana
de la Red Internacional de Acción en Armas Pequeñas (Iansa). La
influencia norteamericana ha bloqueado las iniciativas de desarme en los
organismos multilaterales.
Brasil fue el escenario de un debate mundial. Según las denuncias de
varias ONG, la campaña para el No fue prácticamente importada desde
Estados Unidos y algunos de los materiales eran traducciones de las campañas
de la NRA, al punto que su director de relaciones públicas, Andrew
Arunlanandam, celebró el resultado como "una victoria para la
libertad". Su éxito consistió en poner el debate en el terreno de
los derechos civiles, algo rentable si se tiene en cuenta que los
referendos generalmente se usan para ensanchar libertades, no para
reducirlas. Algunos brasileños llegaron a exigir su derecho a usar armas,
algo que no está consagrado en su Constitución.
Sin embargo, según los partidarios de restringir el uso de armas, la
derrota obedeció a una censurable 'guerra sucia', que incluyó
comerciales de televisión con la imagen de Nelson Mandela, que
equiparaban su lucha contra el apartheid con el derecho a portar armas, a
pesar de que en Sudáfrica el mismo Mandela ha defendido las restricciones
al armamento.
En Brasil ha habido un fuerte trabajo para el desarme y la destrucción.
Desde 2004, se han entregado cerca de medio millón de armas y el terreno
parecía abonado para un triunfo histórico. No era poco lo que estaba en
juego. Como aseguró Mantilla, "Brasil ha sido un modelo al que le
han apostado muchas organizaciones y va a tener un impacto sobre la
credibilidad por los recursos invertidos. Es una decepción".
http://semana2.terra.com.co/opencms/opencms/Semana/articulo.html?id=90810
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